Por
supuesto que al haber terminado en una nota tan alta la Convención
hizo que regresar a la vida normal del día a día fuese muy
difícil. Cuando tú has estado en la cima de la montaña,
el valle no es el lugar al que deseas ir, pero es en el valle donde crece
el fruto.
Al
retorno nuestro a las oficinas centrales, recibimos el anuncio por parte
de Will y Jen Glover, la pareja que se encuentra a cargo de la supervisión
y mantenimiento de nuestras instalaciones, de que Hill se había unido
a la Fuerza Aérea y que ellos nos iban a dejar en dos semanas. Luego
Jack y Pam McLaughlin (los Directores de la Región 5) nos compartieron
que el Señor los estaba llamando a una nueva asignación, para
escribir y hacer consultarías, y que ellos también estaban
renunciando. Y de repente en medio de la emoción que traíamos
tuvimos que enfrentarnos de repente con una gran perdida. Y aun cuando nos
regocijábamos tanto con los Glover como con los McLaughlin, nos dolía
verlos partir. En un momento en el que nos encontrábamos viendo hacia
el futuro, era difícil poder dejar ir a personas que sentíamos
eran claves para el desarrollo de los próximos pasos del ministerio.
De
igual manera empezaron a suceder diversas situaciones alrededor del mundo.
Casi a diario empezaron a salir a la luz diferentes situaciones. El las oficinas
centrales, empezaron a ser probadas las relaciones
al hacerse reorganizaciones y en el campo empezaron a surgir retos en diferentes
y variados frentes. ¿Qué es lo que estaba sucediendo? Podíamos
percibir muchas emociones—gozo por lo que Dios había prometido, perdida
de relaciones con aquellos a quienes amábamos, preocupación
por lo que estaba sucediendo en diferentes naciones—era muy difícil
poder comprender todo lo que estaba sucediendo.
Cuando
las cosas empiezan a hacerse un torbellino a nuestro alrededor, existe solo
un lugar en donde encontraremos paz en medio de la tormenta—en la presencia
del Señor. Estamos agradecidos por el día mensual de oración
y ayuno porque este ordena que tomemos tiempo que muchas veces pensamos que
no tenemos para solamente sentarnos en la presencia del Señor. Al
reservar este día para buscar al Señor y orar por las naciones
hemos encontrado realmente un oasis maravilloso.
Conforme
orábamos, Dios nos recordaba de cuando los israelitas se estaban preparando
para entrar en la Tierra Prometida. Dios les había dado promesas maravillosas
y ellos sabían (debido a los espías) que la nueva tierra se
encontraba llena de frutos enormes. Ha de haber sido inmensa la emoción
que corría por todo el campamento cuando el Señor les dijo
que se prepararan para ingresar. Entonces
Josué dio órdenes a los oficiales del pueblo, diciendo: Pasad
por medio del campamento y ordenad al pueblo, diciendo: "Preparad provisiones
para vosotros, porque dentro de tres días cruzaréis el Jordán
para entrar a poseer la tierra que el SEÑOR vuestro Dios os da en
posesión." Ellos
han de haberse sentido de la misma forma en que nosotros nos sentimos al
finalizar la convención. Finalmente, ¡nos estábamos moviendo
hacia la promesa!
En
este punto los Israelitas se encontraban acampados en Sitim (la pradera,
o lugar húmedo, de las Acacias). Este ha de haber sido un lugar muy
lindo y contrastante con el tiempo extenso que estuvieron en el desierto.
Empezamos a pensar sobre el tiempo agridulce que ha de haber sido para las
familias de Israel.
Sin
duda alguna en este lugar ellos experimentaron muchísimas emociones.
Primero que todo, un gozo enorme al tener frente a ellos aquello que les
había sido prometido. Pero a la vez había un fuerte sentido
de perdida. Debido a que 2 tribus y media iban a permanecer del otro lado
del río Jordán, había llegado el tiempo de las despedidas.
Amigos dejaban amigos y familias dejaban a su familia. Ellos sabían
que había una gran probabilidad de que nunca iban a volverse a ver
y esto ha de haber ocasionado gran dolor a los corazones de muchos.
Quizás
incluso había enojo. Algunos han de haber estado cuestionando este
nuevo plan de Dios y la razón porque debían dejar atrás
a aquellos que amaban. Quizás a ellos no les gustaban las dos opciones
que Dios les había dado—cruzar hacia algún lugar que ellos
no habían visto con anterioridad o permanecer en donde estaban y no
continuar. Quizás ellos tenían otras ideas de lo que debía
habérseles ofrecido o la dirección que a ellos se les debía
haber permitido seguir. Quizás no estaban completamente satisfechos
con el nuevo líder que Dios les había dado o de la forma en
ellos estaban manejando las cosas.
Quizás
había también cierto temor e incertidumbre sobre que tanto
tiempo les iba a tomar el completar la misión para que aquellos guerreros
cuyas familias iban a permanecer de ese lado del Jordán pudieran regresar
a casa. ¿Estarían a salvo? ¿Regresarían
alguna vez? ¿Por qué tenían que combatir por una tierra
en la que ni siquiera iban a habitar?
Y
luego, mientras se preparaban para cruzar el Jordán, el Señor
los movió al huerto de las Acacias. Las Acacias son árboles
que proporcionan madera muy fuerte pero están llenos de nudos y tienen
muchas espinas. Y ahora los Israelitas se encontraban no solo con mucho retos
emocionales sino que quizás también los tendrían físicos.
Aquellos guerreros que quizás se habían escapado del torbellino
emocional al enfocarse en las batallas que tenían por delante, en
poco tiempo iban a experimentar el dolor físico ya que el Señor
ordenaba que todos se circuncidaran luego de haber cruzado el Jordán.
Las emociones y la carne debían ser sometidas al Señorío
de Dios. La fuerza para los días por venir provendría del quebrantamiento.
Aquí
también existe un paralelo para nosotros—no podemos ingresar en lo
nuevo que Dios nos ha prometido hasta que sometamos nuestros corazones y
nuestra carne al Señor. En este momento es este ministerio, desde
cada Líder en Entrenamiento hasta cada líder de nación,
hay corazones que están siendo retados. Antes de que Dios pueda tomarnos
al siguiente paso, debemos permitirle a El que trate con nuestros corazones
y con nuestra carne. En todos los aspectos, en todas las cosas, debemos determinar
con honestidad quien es el Señor y Soberano de
ü nuestros planes
ü nuestro tiempo
ü nuestras opciones
ü nuestros sentimientos
ü la forma en que encontramos el consuelo
ü la forma en que nos ganamos el sustento
ü hacia adonde vamos
ü en que forma vamos
ü cuando vamos
ü nuestra estabilidad
ü nuestra salud
ü nuestra vida y nuestra muerte
Solo
para mencionar unas cuantas.
Si
nosotros hemos permitido que algo o alguien mas tome el lugar de Dios, El
va a asegurarse de que esto sea mostrado a nosotros y a traernos a arrepentimiento.
Ninguna de estas cosas va a sustentarnos en los días por venir. Las
personas nos vana fallar. Los trabajos nos fallaran. Los líderes nos
fallaran. Aun nuestros propios corazones van a fallarnos. El debe ser nuestro
todo en todo. Quizás nosotros hayamos construido reinos personales
poderosos, pero ellos no se mantendrán de pie en los días por
venir. Cualquier cosa que nosotros hayamos edificado por nuestras propias
fuerzas no va a poder resistir a los gigantes que enfrentaremos en la tierra
que tenemos por delante. Es mejor que nuestros reinos personales se derrumben
ahora para que nosotros podamos edificar sobre el fundamento sólido
y fuerte de Jesús.
¡Tenemos
días emocionantes por delante! La palabra profética que nos
fuera dada el año pasado—es una nueva estación, un nuevo día—esta
ahora saliendo a luz. Ahora nos encontramos en el prado de las Acacias, preparándonos
para ingresar. No nos resistamos al Señor, sino que escuchemos conforme
el habla a nuestros corazones. Permitamos que su fuego consumador traiga
la basura a la superficie para que el pueda quitarla de nosotros. Enfrenten
aquellas cosas que El desea mostrarles. Conforme caminamos juntos esta estación
estamos siendo preparados para ese momento maravilloso cuando El diga, “Ven,
¡pon la punta de tu pie en el agua y ve lo que yo voy a hacer"